Megadeth: literal sinfonía de destrucción

Decir que el concierto de Megadeth arrancó bien es una verdad a medias. Considerando el cambio de lugar, con apenas días de antelación, el show de la agrupación norteamericana ya presentaba este tipo de irregularidades desde antes del evento mismo. Mientras el grupo local Endgame hacía su presentación, entre el público presente corrían fuertes rumores acerca del descontento de Dave Mustaine sobre esta situación; cosa que, de ser cierta, no resultaría nada extraña, teniendo en cuenta la anormalidad de tal circunstancia y, por sobre todas las cosas, la ya famosa personalidad del pelirrojo músico.

La modificación del local fue apenas un preámbulo. El ingreso a las instalaciones del Sport Colombia se dio sin grandes controles por parte del personal a cargo. Yo mismo fui apenas pesquisado; un conocido me explicó estando ya adentro que a él apenas le preguntaron si tenía algo fuera de lugar, sin un control palpable. De esta forma, el control que en algunas ocasiones se vuelve tediosamente quisquilloso, en esta oportunidad careció de prudencia.

Los sectores de Campo y Circle Fans estaban separados mediante un vallado, cuya calidad era realmente deplorable. En las redes sociales recorrieron imágenes de estas vallas precariamente aseguradas con finísimos alambres. De esta forma, la gente ubicada en el sector Campo no tuvo inconvenientes en superar primero al cercado y segundo al número del personal de seguridad para invadir masivamente hacia el sector VIP, que se vio superpoblado en cuestión de minutos. De todas formas, lo peor se produjo cuando una persona invadió el escenario para llegar hasta Mustaine, aunque fue detenido por el personal de seguridad. Ya en ese punto, el líder de la banda cambió totalmente el gesto en su rostro, mostrándose evidentemente ofuscado.

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El concierto continuó, hasta que una botella de whisky o caña impactó contra Loreiro y Mustaine, ya con la paciencia agotada, sentenció que el público tenía cinco minutos para calmarse o el show sería cancelado.

Ahora bien, considerando la calidad del control para el ingreso, no resulta rara la presencia de la botella arrojada al escenario. Afortunadamente era de menor tamaño, porque si se trataba de una botella de cerveza, las consecuencias hubieran sido mucho peor. La mayoría de los asistentes pudo comprobar que efectivamente sí se vendían bebidas en botella, tanto de cerveza como de agua, y  eran entregadas por los vendedores y no en vasitos de plástico, como normalmente ocurre en shows de esta magnitud.

Fuente: Whatsapp
Fuente: Whatsapp

Cuando el evento quedó cancelado definitivamente hubo personas que arrojaron más botellas al escenario, causando cuantiosas pérdidas materiales.

En ese mismo instante, los afectados empezaron a manifestarse. Por un lado, la organización que culpaba a los desubicados invasores de sector. Y por su parte, muchos concurrentes insistían que la organización condujo al lamentable desenlace.

Esta no es la primera vez que sucede algo así. Un concierto del grupo argentino Catupecu Machu, realizado en noviembre del 2011, concluyó abruptamente por mal comportamiento del público ante la falta total de seguridad.

Entonces, ¿quién es el responsable?

Pues ambas partes. En este último caso los errores de organización fueron evidentes y comprobables; un lugar que no contaba con la infraestructura adecuada, una instalación precaria, venta de botellas de cerveza – o elementos contundentes, como quieran – dieron pie a que la idiosincrasia de unos cuantos salga a flote. Y es que ante la mínima posibilidad de sacar ventaja de cualquier situación, muchos quebrantarán la ley o, en este caso, los límites de sectores. Aunque uno puede decir ingenuamente que estos límites deben siempre ser respetados, tanto los territoriales como los de comportamiento.

Y por cierto, ¿hasta cuándo en conciertos de grupos de rock y/o metal se insistirá con el maldito sector VIP? Si uno se fija en las fotografías de los conciertos de Megadeth mismo, en los estadios de Brasil, días antes de la fecha en Paraguay, se podrá ver una cantidad similar de gente, pero agrupada en un solo sector, cosa que podría haber evitado esta penosa situación de antemano.

Poco después de la cancelación, Mustaine afirmó en diversos tuits que debía velar por la seguridad del público y del grupo, y no podemos objetarle absolutamente nada. Eso pudo haber salido, tal como ocurrió, fuera de control. Más tarde dijo que si regresan se asegurará de contar con local, seguridad y promotor diferentes, lo que puede llevarnos a confirmar su gran descontento con la organización.

En este sentido, la productora Garzia, buscó disimular la situación diciendo mediante un comunicado que el grupo había tocado durante una hora, cosa que no es verdad, y que faltaban sólo cuatro canciones para terminar el show, que tampoco es cierto. Según la lista de temas (que puede verse en Internet), el total llegaba a 19 canciones. En una entrevista radial, el empresario tildó a Mustaine de hijo de puta por no haber terminado el concierto.

Para garantizar el buen comportamiento del público se necesita tener un sistema de producción manejado por gente idónea, que sepa como reaccionar ante situaciones como las que ocurrieron. Y aún antes que sucedan, tener gente que sepa como diagramar shows de estas características, con capacidad de previsión de las distintas situaciones que puedan darse en el evento. Si un vallado así estuvo en ese show, si se contratan 40 guardias en vez de cientos y si se vende alcohol en botellas de vidrio, no se tendrá capacidad de ninguna  seguridad y los shows terminarán cancelándose. Al  fin y al cabo el fan es quien termina pagando el pato y otros se lavan las manos.

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Del show se puede decir poco y nada. Fueron seis canciones, con interactuación mínima de Mustaine, quien agradeció al público por asistir al show, donde si pudimos apreciar el talento de los cuatro integrantes, en especial de los nuevos miembros, Kiko Loreiro, en guitarra, y Dirk Verbeuren, en batería. Fue un brevísimo deleite.

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Lógicamente, al final nadie quedó contento. Con el afán de sacar provecho a cualquier precio, los inescrupulosos hacen lo que sea, estén donde estén, en este caso sea tanto en la organización como entre el público asistente. Cada uno piensa que, en medio de su viveza, gana. Pero en este caso, perdimos todos.